Reserva visible como parte de un museo más democrático

Reserva visible como parte de un museo más democrático

El nuevo concepto del Museo Bahía de Caráquez, recientemente inaugurado el 19 de marzo de 2026, incluye como segunda fase de su reapertura la creación de una reserva arqueológica visible. Esta apuesta es un avance hacia la democratización de la cultura, en línea con las discusiones globales contemporáneas en torno a los museos y su función social. Tal como definió el Consejo Internacional de Museos, ICOM, en 2022:

“Un museo es una institución sin ánimo de lucro, permanente y al servicio de la sociedad, que investiga, colecciona, conserva, interpreta y exhibe el patrimonio material e inmaterial. Abiertos al público, accesibles e inclusivos, los museos fomentan la diversidad y la sostenibilidad. Con la participación de las comunidades, los museos operan y comunican ética y profesionalmente, ofreciendo experiencias variadas para la educación, el disfrute, la reflexión y el intercambio de conocimientos”.

Esta definición deja claro que los museos son espacios para todas y todos, donde las comunidades que habitan en el entorno donde los museos se asientan, tienen el pleno derecho al acceso al acervo del museo, y deben sentirse invitadas e incluidas, sin discriminación de ningún tipo.

 Una colección arqueológica de más de tres mil piezas

La reserva arqueológica del Museo Bahía de Caráquez cuenta con más de tres mil piezas, correspondientes a todas las culturas que habitaron las tierras manabitas en la época prehispánica: Valdivia, Machalilla, Chorrera, Bahía, Jama-Coaque y Manteño. De ellas, alrededor de 170, es decir apenas algo más del 5%, están exhibidas en nueva exposición permanente, “Iconografía ritual de Manabí”. El resto, es decir alrededor del 95% de la colección, no es visible al púbico que, en su mayoría, ni siquiera sabe de su existencia. 

La importancia de los fragmentos en la investigación arqueológica

Gran parte de estas piezas que no se suelen mostrar al público en las exposiciones permanentes de los museos, son fragmentos. Los fragmentos son la parte central del trabajo de muchas/os profesionales del patrimonio, como las/os arqueólogas/os y las/os restauradoras/es. Los fragmentos son los vestigios de lo que hubo, las huellas del pasado, las claves que a veces nos permiten entender lo que no nos dejan ver las piezas completas, como la tecnología usada en su fabricación, o su materia prima.

En las excavaciones arqueológicas, la gran mayoría de los vestigios que se encuentran están fragmentados: restos arquitectónicos, restos de vasijas, restos de figuras. Solamente los contextos funerarios suelen contener piezas completas, ya que estas fueron enterradas así para acompañar a los difuntos en su viaje al más allá, les fueron ofrendadas, muchas veces sin haber sido usadas nunca. Pero fuera de estos contextos, el material arqueológico casi siempre es fragmentario. Son los restos a través de los que podemos reconstruir parcialmente las vidas de nuestros antepasados, y por eso son tan importantes como las piezas completas.

La reserva visible como complemento de la exposición permanente

La creación de la reserva visible de alguna manera se complementa en forma similar con la exposición permanente. Mientras la exposición muestra las piezas más vistosas, más allá de ellas hay todo un mundo de piezas, quizás menos atractivas a primera vista, pero que igualmente son un legado cultural y estético, que merece el mismo tratamiento. Así, esta reserva visible se crea como un espacio del que se espera que permita dinamizar el museo y fomentar la participación de la comunidad local, nacional e internacional, en términos de investigación arqueológica, artística y otras.

Esto no significa que cualquier persona pueda acceder a la manipulación de las piezas, ya que el tratamiento de las mismas debe estar regido por las normativas del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) en función de su adecuada preservación, pero sí implica que la sociedad se sienta informada y empoderada sobre su patrimonio, y pueda participar en la investigación que se realiza en torno al mismo.

Un patrimonio accesible para la comunidad

Las piezas arqueológicas de la reserva visible serán dispuestas de manera organizada en orden cronológico, según su filiación cultural, en un espacio al que se podrá acceder previo un permiso solicitado a la administración del museo, pero visible para cualquier visitante. De esta manera, no quedarán relegadas a un espacio obscuro y oculto al público, sino que se articularán orgánicamente con el resto de la colección, y podrán ser visitadas y analizadas por las/los interesadas/os. El papel de la administración del museo, en este caso, es el de garantizar su correcto cuidado.


Artículo desarrollado por María Fernanda Ugalde Mora

Investigadora arqueóloga especializada en patrimonio arqueológico y curaduría museística.