Diversidad en nuestros pueblos ancestrales

Diversidad en nuestros pueblos ancestrales

Pensar en el género como una naturalidad binaria es algo que hoy en día se cuestiona desde las ciencias sociales. Incluso desde las ciencias naturales, hoy se entiende al género como un espectro con una variedad de posibilidades.

Mientras estas posiciones podrían parecer muy avanzadas para algunxs, y una moda para otrxs, la realidad es que, en muchas culturas, desde la antigüedad, se han reconocido más de dos géneros. El género, más que una verdad natural, es un constructo cultural y, como tal, varía de una sociedad a otra.

Entre lxs indígenas de América del Norte, por ejemplo, se reconoce un tercer sexo conocido como berdache, una identidad masculina y femenina a la vez, por lo que también se habla de "two spirit people" (personas de doble espíritu).

También en México existe un grupo denominado muxe, considerado ancestralmente un tercer género: personas nacidas con características biológicas masculinas, pero con una identidad femenina, que se visten como mujeres y desempeñan actividades que, en esa sociedad, se consideran propias de los roles femeninos.

Igualmente, en la costa ecuatoriana existía un espectro de prácticas e identidades sexo-genéricas, según las fuentes etnohistóricas y arqueológicas. Las primeras corresponden a las crónicas y documentos de la época colonial temprana.

Cronistas como Pedro Cieza de León mencionan de forma recurrente que en la costa de Manabí se practicaba abiertamente lo que él denominó "el pecado nefando", término con el que se refería a la homosexualidad masculina.

El mismo cronista describe la existencia de un grupo de jóvenes educados y vestidos como mujeres, conocidos como "enchaquirados", llamados así por estar adornados con joyas de chaquiras o cuentas de concha Spondylus. Según la crónica, eran preparados para el servicio sexual de los mandatarios.

En cuanto a las referencias arqueológicas, estas se encuentran en la iconografía, el principal medio de comunicación no verbal de las culturas ancestrales que no utilizaban escritura. Las figurillas de arcilla, principales portadoras de esta iconografía en las culturas prehispánicas de la costa ecuatoriana, muestran indicios de transgresión de la lógica binaria del género, tanto en los atributos corporales como en el vestido y la ornamentación.

También representan parejas conformadas por un personaje masculino y uno femenino, así como por dos personajes femeninos. Más allá de su interpretación, estas representaciones abren la posibilidad de realizar lecturas menos normativas del pasado.

A la luz de la discriminación y la violencia que aún enfrentan muchas personas que no se identifican con los roles e identidades tradicionales de género, estas lecturas adquieren especial importancia, ya que constituyen un sustento histórico para su activismo. De este modo, estos estudios no solo representan avances científicos, sino también una invitación a la solidaridad y la tolerancia.

Artículo realizado por los investigadores María Fernanda Ugalde y Eric Dyrdahl.